"Atomka" - Franck Thilliez

     Acabé la investigación acerca de Atomka en enero de 2011 y, acto seguido, comencé a escribir este libro. Antes de iniciar mi larga fase de documentación en torno al átomo en 2010, sólo conocía la catástrofe de Chernóbil a grandes trazos: la explosión de uno de los reactores, la nube radiactiva que recorrió la Europa o las consecuencias en la salud.
     En el curso de mi investigación, lo que para mí no era más que un terrible accidente se reveló como una de las peores plagas que jamás haya conocido la humanidad. La radiactividad no puede ser destruida, y veintiséis años después, sigue causando estragos en las regiones ucranianas y bielorrusas donde, días después de la explosión, por desgracia llovió, precipitándose así los elementos radiactivos al suelo. El cesio 137 prosigue su labor de destrucción y multiplica los cánceres, las malformaciones cardiacas y los retrasos mentales. Eso áun durará, cientos, miles de años y, si no se hace nada, esas poblaciones no conseguirán recuperarse jamás.
     Y mientras los términos "yodo 131 , plutonio, escape de reactor, zona prohibida o liquidador" acompañaban mis pensamientos, mientras el espectro de Chernóbil se iba apoderando de mí, llegó Fukushima, el 11 de marzo de 2011. El accidente tuvo lugar mientras escribía el capítulo 7 de mi novela y describía en aquel momento el estado físico de un niño devorado por el átomo.
     Una siniestra coincidencia. Un horrible sobresalto.
     Fuí incapaz de escribir durante todo ese período en el que el mundo estuvo pendiente de los reactores nucleares de la central japonesa. Veía a aquellos hombres a los que enviaban muy cerca del desastre, a pesar de los escapes de elementos muy radiactivos, y me dije: "Sucedió exactamente igual hace veinticinco años". la evacuación, los liquidadores, la nube radiactiva, las pastillas de yodo para saturar la glándula tiorides... Comprendí entonces que, a pesar del progreso, de la tecnología y de una seguridad a buen seguro mejor, el hombre sigue estando desarmado ante el átomo. No quiero siquiera imaginar el aspecto del mundo de hoy si el núcleo de uno de los reactores se hubiera fundido y se hubiera hallado al aire libre.

     Comencé este libro convencido de que no volvería a reproducirse una catástrofe como la de Chernóbil.
     Lo acabé con sabor a átomo en los labios.

     Fanck Thilliez - Nota al lector al final de la novela.

     Una estupenda y muy negra lectura, que indaga en los rincones más oscuros del ser humano y las tinieblas que va dejando a su paso.