Saltó del cartón cuando los estaba colocando en el frigorífico. Tuvo suerte, porque cayó encima de una lechuga y desde allí se deslizó hasta el suelo. Se desplazaba de forma tambaleante, como todos los huevos cuando los haces rodar. Unas veces hacia la izquierda, otras hacia la derecha... Ante el estupor de algunos y la risa de otros.
Así avanzaba por el pasillo, hacia la puerta de la calle, cuando se tropezó con un ratón que salía de su madriguera.
-Ten cuidado por dónde vas - le dijo éste al huevito-.
-Perdón, señor - se disculpó-. Estoy buscando el gallinero. ¿Me puede ayudar?
-Tienes que bajar por la calle todo recto, hasta el cruce, y allí, tomar el camino de la granja - le contestó-.
Así pués, franqueó la puerta y bajó con mucho cuidado los escalones, para no romperse. Algo dolorido llegó al portal y salió a la calle. Intentó ir cerca de la pared para que nadie lo pisara, pero nada... No había manera; hacia la izquierda, hacia la derecha, de nuevo hacia la izquierda, y otra vez a la derecha..¡Qué maréo!
Hacia la mitad se enredó entre las patas de un perro que husmeaba la rueda de un coche. Éste, sorprendido, con el rabo lo dirigió por el buen camino. Y así, esquivando algún que otro obstáculo, y pasando bajo varios coches, llegó al cruce, donde pudo ver el indicador hacia la Granja, y cruzando con precaución el paso de peatones, inició la parte final de su viaje.
Estaba ya por la mitad del camino, repleto de baches en los que a veces tenía que coger carrerilla para poder superarlos, cuando una enorme vaca lechera estuvo a punto de espachurrarlo con una pezuña. ¡Menudo susto! Una vez repuesto, le preguntó si conocía a su madre, la Gallina, y se puso muy contento al escuchar que ésta también le estaba buscando.
Aún hubo de sortear la cancela de entrada, superar un enorme charco y esconderse de los gatos de la casa, antes de llegar al gallinero, donde por fín, se introdujo entre la paja, bajo las alas de su madre, y allí, bien calentito, por fín quedarse dormido.
Ufff...!!! Vaya aventura.
Así avanzaba por el pasillo, hacia la puerta de la calle, cuando se tropezó con un ratón que salía de su madriguera.
-Ten cuidado por dónde vas - le dijo éste al huevito-.
-Perdón, señor - se disculpó-. Estoy buscando el gallinero. ¿Me puede ayudar?
-Tienes que bajar por la calle todo recto, hasta el cruce, y allí, tomar el camino de la granja - le contestó-.
Así pués, franqueó la puerta y bajó con mucho cuidado los escalones, para no romperse. Algo dolorido llegó al portal y salió a la calle. Intentó ir cerca de la pared para que nadie lo pisara, pero nada... No había manera; hacia la izquierda, hacia la derecha, de nuevo hacia la izquierda, y otra vez a la derecha..¡Qué maréo!
Hacia la mitad se enredó entre las patas de un perro que husmeaba la rueda de un coche. Éste, sorprendido, con el rabo lo dirigió por el buen camino. Y así, esquivando algún que otro obstáculo, y pasando bajo varios coches, llegó al cruce, donde pudo ver el indicador hacia la Granja, y cruzando con precaución el paso de peatones, inició la parte final de su viaje.
Estaba ya por la mitad del camino, repleto de baches en los que a veces tenía que coger carrerilla para poder superarlos, cuando una enorme vaca lechera estuvo a punto de espachurrarlo con una pezuña. ¡Menudo susto! Una vez repuesto, le preguntó si conocía a su madre, la Gallina, y se puso muy contento al escuchar que ésta también le estaba buscando.
Aún hubo de sortear la cancela de entrada, superar un enorme charco y esconderse de los gatos de la casa, antes de llegar al gallinero, donde por fín, se introdujo entre la paja, bajo las alas de su madre, y allí, bien calentito, por fín quedarse dormido.
Ufff...!!! Vaya aventura.
Dedicado a Pablo "5 estrellas"